La Escuelita de Famailla
Fechas importantes

Eduardo Ramos, poeta, periodista y militante de la verdad

En el mes en que se celebra el Día del Periodista, recordamos a Eduardo Ramos, desaparecido en Tucumán y encontrado en el Pozo de Vargas.

Por Sofía Romera Zanoli

El 18 de marzo del 2015, el Juzgado N° 2 , a cargo del Juez Federal Fernando Poviña notificaba oficialmente a la familia de José Eduardo Ramos, que los restos óseos del periodista y  poeta tucumano, habían sido identificados en la fosa de inhumación clandestina, conocida como el Pozo de Vargas.

Eduardo tenía apenas 21 años cuando fue secuestrado por las fuerzas policiales, el 1 de noviembre de 1976, junto a su compañera Alicia Cerrota  con quien esperaba un hijo o una hija. La pareja fue vista por última vez en la Jefatura de Policía de Tucumán,  es  por ello que su desaparición se juzgó en el juicio Arsenales I–Jefatura de Policía I, que tuvo lugar en la provincia a fines del 2012 y durante el 2013.

Aquel 18 de marzo, cuando  el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmaba que entre los restos que fueron rescatados del Pozo por el Colectivo Arqueología Memoria Identidad Tucumán (Camit), se encontraba los restos de Eduardo, tuve la suerte de poder entrevistar a sus hermanas Anita y Patricia, y a Pedro, su hermano.

Ellxs me esperaban en el patio de la casa de Pedro, que todavía seguía viviendo en Tucumán, mientras que sus hermanas decidieron irse de la provincia cuando Eduardo desapareció y volvieron a reunirse cuando conocieron la noticia del hallazgo.

“Cuando me enteré de que había encontrado los restos de Eduardo en el Pozo, por un lado sentí la reafirmación de que mi hermano estaba muerto, y por otro, que acababa de morir, es muy fuerte porque la muerte se materializa a partir de que encuentran los restos”, reflexionó Anita.

“Yo sentí que se hizo justicia”, expresó Patricia “que las instituciones se ocuparon de algo tan vital como es el hecho de que las víctimas de la Dictadura dejen de ser desaparecidos”.

Pedro sintió que por “primera vez que existe una justicia trabajando de buena fe, para condenar los delitos de lesa humanidad”, aunque se apresura a aclarar  “la única forma de atenuar el dolor que hoy sentimos los familiares, es que todos los que participaron del aparato genocida vayan a la cárcel”.

Eduardo estaba más allá de las cosas materiales

Para sus hermanxs, Eduardo era un joven valiente, un gran profesional, comprometido con su trabajo, sensible, intolerante ante las injusticias, un gran poeta y admirador del cineasta Gerardo Vallejo, así lo recuerdan.

“Escribía poesías hermosas. A los 14 años ganó el primer lugar en dos concursos de poesía organizados por la Universidad Nacional de Tucumán junto a grupo de poetas que se llamaba ‘Gente que escribe’”, cuenta orgullosa Anita, mientras saca algunos de los poemas que guardaba en una cajita.

“Eduardo tenía mucha vocación, hasta tal punto que rindió libre el último año de la escuela de Agricultura para dedicarse a hacer periodismo, y así empezó a ayudarlo como corresponsal a mi papá en el diario Crónica”, intervino Pedro.

A los 19 años, Eduardo ya era periodista de los diarios Noticias y La Tarde y luego pasó a formar parte del staff de Canal 10.

“Él estaba más allá de las cosas materiales” dice Anita  y relata una de las tantas anécdotas que recuerda de su hermano: “a mi papá siempre le recriminaba que no se ponía saco de vestir para ir a cubrir las notas, entonces para complacerlo un día se puso uno, pero en el trayecto encontró un mendigo que no tenía abrigo y se lo regaló, ese era Eduardo”.

El secuestro

“Como periodista Eduardo la tenía muy clara. Él sabía lo que estaban secuestrando y asesinando gente”, asegura Patricia.

Después del golpe del 24 de marzo del 76, un grupo de militares llevaron al periodista, a un lugar en el cerro donde había muchos compañeros muertos y intentaron obligarlo a filmar una escena y armar una nota donde diga que las muertes habían ocurrido en un enfrentamiento, pero Eduardo se negó. Para los tres hermanxs este hecho fue clave en su desaparición.

Patricia recuerda que tenía 14 años cuando se lo llevaron a Eduardo “el 1 de noviembre suena el teléfono, atiendo y la voz de un hombre me dice: ‘soy un vecino, a tu hermano y a Alicia los llevaron en un operativo enorme, en un camión militar, tabicados’,  y cortó”.

“Cuando fuimos a la casa de Eduardo encontramos todo desordenado y faltaban algunas cosas como un equipo de música” cuenta Pedro  “me llamó la atención que los anteojos de mi hermano estaban sobre una mesa. Él usaba los desde muy chiquito para poder ver”,  esos anteojos sobre la mesa fue para la familia la evidencia de que a Eduardo se lo habían llevado a la fuerza.

Siento que necesito
una enorme casa
para gritar en ella
aunque sea una vez por mes.

O tener un edificio
para arrojar desde el último
las ollas en que cocinaba mi madre.

Siento que la sangre
se me agolpa en el invierno.
Siento que necesitamos amar
para quedarnos.

  José Eduardo Ramos

One comment

  1. Hermosa nota Sofía,nos llena el alma que la Memoria, sea una de las herramientas que nunca se abandonen,que siempre esten nuestros Compañeros,presentes,a través de todo lo que nos dejaron,y que nunca van a desaparecer .Hermoso homenaje a Eduardo de una fiel colega.Abrazos

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