La Escuelita de Famailla
Fechas importantes

“El periodismo es libre, o es una farsa”

El 7 de junio, Día del Periodista, elegimos recordar a Rodolfo Walsh, la guía de quienes eligieron el oficio de «dar testimonio en tiempos difíciles»

Por Belén Castellano Hernández

Como cada 7 de junio, desde el año 1938, se celebra el “Día del Periodista” en nuestro país, una fecha establecida cuando se realizaba el primer Congreso Nacional de Periodistas, y en conmemoración del primer número de La Gazeta de Buenos Ayres, fundada por Mariano Moreno en 1811. En la actualidad, quienes ejercen esta profesión u oficio, aún más si lo hacen desde la denuncia, saben que el desafío constante de informar se ve atravesado por contextos sociales, económicos o políticos que dificultan y hasta impiden la labor. Para ellxs, la verdadera guía de cómo debe hacerse periodismo hay que buscarla en la figura de Rodolfo Walsh, asesinado en 1977 por el terrorismo de Estado argentino.

En la introducción de la primera edición de “Operación Masacre”, de marzo de 1957, dice: “Creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea” y hasta el día de hoy es recordado por su compromiso con la verdad, la verificación de la información y el uso de la denuncia que puso al servicio dela sociedad para poder transformarla.

Ejerció la profesión en las peores condiciones, enfrentó el miedo y la censura para denunciar las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura militar. Con su compromiso militante y una forma de escribir que mostraba un estilo nunca antes visto de contar es que merece ser recordado hoy como un periodista comprometido con su tiempo.

Walsh

Rodolfo Jorge Walsh se definía a sí mismo según las labores que había realizado: “fui lavacopas, limpiavidrios, comerciante de antigüedades y criptógrafo”, decía, pero no es recordado por ninguna de esas tareas sino por sus trabajos como periodista y escritor, sobre todo por su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia de este país.

Rionegrino de ascendencia irlandesa, criado en una familia conservadora, cursó la carrera de Letras en la Universidad de la Plata pero no la llegó a terminar. Estuvo hasta el día de su muerte implicado por completo en la lucha contra la dictadura argentina, activo en la política y militante de la resistencia. Tuvo dos hijas, Patricia y María Victoria Walsh, y una compañera de vida, Lilia Ferreyra. Fue pionero en la escritura del género de novelas testimoniales con su libro «Operación Masacre» (1957) e inauguró así un género: la no-ficción periodística. Con ello, se adelantó nueve años a “A sangre fría” de Truman Capote que es a menudo citado como el primer libro de este estilo.

En 1976, pasó a la clandestinidad luego de haberse ganado la enemistad del aparato represor militar y formó la Agencia de Noticias Clandestina. Un año después, cerca de las 2 de la tarde del 25 de marzo fue asesinado por un grupo de tareas de la ESMA cuando intentó resistirse armado al operativo que pretendía secuestrarlo para obtener información. Media hora antes del ataque, el periodista había terminado de despachar en un buzón su “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”.

El recuerdo de Lilia


Lilia y Rodolfo en Cuba

En un relato (publicado en Página/12 el 25 de marzo de 2007), Lilia repasa los meses que Rodolfo pasó en clandestinidad retirado en una casita de San Vicente, provincia de Buenos Aires, donde -convencido de la derrota armada- guardaba esperanzas sin abandonar la militancia.

Ella recuerda que en 1972 Rodolfo había escrito en su diario: “Si yo muriera mañana una parte de mi vida –esta parte de mi vida–podría parecer insensata y ser reclamada por algunos que desprecio e ignorada  por otros a los que podría amar. Desde luego esa reivindicación personal no es lo que más importa (aunque no sea totalmente capaz aún de renunciar a ella), lo que importa es el proceso que ha pasado por mí, la historia de cómo yo cambié y cambiaron los demás y cambió el país.

Imagino también un inventario de las cosas que quiero y las cosas que odio: ya lo dije.

Las cosas que quiero: Lilia mis hijas el trabajo oscuro que hago los compañeros el futuro los que no obedecen los que no se rinden los que piensan y forjan y planean los que actúan el análisis claro la revelación de lo escondido el método cotidiano la furia fría los títulos brillantes de mañana la alegría de todos la alegría general que ha de venir un día la gente abrazándose la pareja en su amor la esperanza insobornable la sumersión en los otros. (sic)”

Remarca al final, en un aniversario más del asesinato de su compañero que, como un hilo tendido hacia el futuro, esas palabras se afirman. En un mundo en el que la idea de verdad está sujeta a los tironeos del poder, las enseñanzas de Walsh para lxs periodistas son más actuales que nunca.

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

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