La Escuelita de Famailla
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H.I.J.O.S. cumple 23 años de lucha contra la impunidad

Por Valeria Totongi

En plena década menemista y con Bussi como gobernador, un grupo jóvenes le plantó cara al indulto, a la amnistía y a la impunidad.

Ellos se pusieron al hombro el legado de sus padres y sus madres y, a fuerza de escraches, debate y militancia, se convirtieron en gigantes en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

Como en casi todo proceso histórico, es casi imposible detectar el momento exacto del “nacimiento”. En el caso de la organización Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio, se toma como fecha fundacional el 14 de abril de 1995, pero es un proceso que comenzó antes, y casi al mismo tiempo, en varias provincias.

Quizás porque los hijos de militantes ya tenían edad para empezar a convertir sus preguntas en acciones, quizás porque el momento político del país, con genocidas que se presentaban a elecciones, con indultos a represores condenados y torturadores caminando como ciudadanos comunes por las calles, aquellos adolescentes dijeron que era suficiente, y que -si no había justicia- entonces habría escraches.

“Quienes iban a convertirse en ‘fundadores’ de H.I.J.O.S. se conocieron en La Plata, en dos homenajes a los desaparecidos de las facultades de Arquitectura y Humanidades que se hicieron entre fines del ’94 y principios del ’95. La condición universitaria de esa ciudad hizo que allí se encontraran chicos que vivían en distintos puntos del país. Se citaron a mediados de abril, para Semana Santa, en un campamento en Córdoba. Allí surgió el nombre: H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) y la idea de seguir juntos”, relataba una nota del diario Página/12, el primero que les dio un lugar entre sus noticias. Escribieron una carta pública que salió el 30 de abril en Página/12, junto con un reportaje. Para la marcha a 24 años del golpe, fueron  por primera vez con bandera propia.

Tucumán escribió su propia historia en la creación de la agrupación, y empezó unos años antes de aquel campamento cordobés. Las primeras reuniones se hicieron alrededor de la convocatoria de una -en ese entonces- aspirante a cineasta, hija de desaparecidos, que recordaba el día en que se llevaron a su madre y quería contar la historia, a través de la ficción. “Luego surgió la idea de hacer un documental”, relata Eva Urrutia, impulsora de aquellas primeras convocatorias en nuestra provincia.

“Quería contar mi historia, lo que se sentía al ser hijo de desaparecidos. Por aquel entonces, nuestra voz eran las Madres, pero ellas hablaban desde su lugar, y no siempre nos representaba lo que decían. Para muchos era difícil hablar del tema en la familia, casi imposible con los amigos. Como era muy tímida, y veía que las palabras no me salían, pensé en contar con imágenes”, cuenta Eva. Su tía María Teresa está desaparecida. Su tío estuvo secuestrado cuatro meses. Su abuela  es una sobreviviente del CCD que funcionaba en la Escuelita de Famaillá.

El 88 fue el año en el que Antonio Bussi -ex gobernador durante la dictadura y responsable de la desaparición, tortura y muerte de cientos de tucumanos- surgió como candidato a diputado por un partido de segunda categoría y consiguió miles de votos que lo impulsaron a continuar su carrera hacia un cargo electivo. La llegada del genocida a la arena política fue la gota que desbordó el vaso para muchos hijos de militantes perseguidos durante los 70. Necesitaban, al menos, empezar a entender.

Eva sabía qué había pasado con su mamá, no había manera de que se olvide. A María Luisa Cerviño se la llevó un grupo de hombres armados, a los tiros, delante de sus hijas, de 5 y 2 años, y del hijo de su compañero, también pequeño,  cuando estaban en un bar en Buenos Aires. A los chicos los dejaron en una comisaría y luego en un albergue, de donde los rescató su abuela y los trajo a Tucumán, de donde era la familia. Otros chicos simplemente no tenían un relato de qué había sido de sus padres. No pocos escuchaban constantemente la cantinela de que “los habían abandonado” o vivían la pesadilla del silencio impuesto por parientes y amigos de la familia.

“Me hice amiga de una chica que era hija de ex presos políticos y ella me contó que conocía a otros hijos de desaparecidos -continúa Eva-. Así empecé a contactarlos”.

En la primera reunión, recuerda, eran cuatro o cinco, y se abordaban con desconfianza. Luego empezaron a acercarse más. Los primeros encuentros consistían más que nada en hablar y acompañarse, intercambiar información o datos que sus abuelos no les querían contar.

“Nos pasábamos fotos y relatos, por si alguno había conocido a la mamá o al papá de otro. Nos íbamos contactando por conocidos. A veces nos entendíamos con los amigos de nuestros viejos mejor que con nuestros abuelos. Pasó también que, hasta el nacimiento de H.I.J.O.S. muchos no se animaron a hablar, como si hubieran tenido miedo de que se los juzgue”.

En Tucumán se pusieron el nombre de “Hijos de afectados por la represión política en Argentina”, una de sus primeras actividades fueron acompañar la ronda de las Madres, en la plaza Independencia. Para ese se postulaba Bussi a gobernador,  y ellos se aparecieron con un cartelito. No las conocían, solamente sabían que marchaban los jueves y simplemente se acercaron.

El año 94 encontró a un grupo de ellos en una muestra de jóvenes que se hizo en lo que entonces era la Escuela de Educación Física.

“Nuestra primera presentación pública fue en la Expo Joven de ese año, una vidriera de agrupaciones de jóvenes de la provincia en la entonces Escuela de Educación Física de la Universidad – relata María Coronel, una de las integrantes de ese “grupo fundacional”, hoy coordinadora del Espacio para la Memoria La Escuelita de Famaillá-. Nosotros no sabíamos que había funcionado como centro clandestino. Llegamos y armamos nuestro stand con afiches hechos a mano sobre quienes éramos y por qué nos juntábamos, con la historia del genocida Bussi, con poemas de algunos compañeros, y una mesita con libros del estilo Nunca Más”.

Sin saberlo, estaban dando los primeros pasos para la fundación de un hito en la historia de la lucha contra la impunidad y de una nueva forma de militancia. “Fueron tres días en los que terminamos siendo el catalizador de años de silencio. Prácticamente todos los empleados del lugar se acercaron y comenzaron a contarnos lo que habían visto y vivido en esos años: el helicóptero que llegaba a la cancha con gente encapuchada, la gente tirada por los pasillos, las cosas que oían. Se acercaban otros a contarnos de sus familiares o amigos desaparecidos, lo que tampoco habían hablado con nadie. Nosotros escuchábamos, anotábamos, consolábamos” añadió Maria.

En esa primera etapa, el incipiente germen de H.I.J.O.S. también definió una de sus particularidades. “Nos dimos cuenta de que, así como nos hacíamos falta entre nosotros, le estábamos haciendo falta a una parte de nuestra gente. Lentamente  el genocida llegaba de nuevo a Tucumán, no era hora de quedarse quieto. Así, casi niños de entre 17 y 19 años, empezamos a definir el resto de nuestras vidas: memoria, verdad y justicia, en cada lugar donde estemos”, dice María.

Hoy, H.I.J.O.S. es una organización referente entre los organismos de derechos humanos, que no solamente agrupa a los hijos e hijas de desaparecidos, sino a cientos de militantes jóvenes que luchan contra la impunidad de los genocidas, expresan una posición frente a la violencia policial, los atropellos de las políticas neoliberales y las avanzadas que buscan garantizar impunidad para los responsables de torturas, violaciones,  apropiaciones, desapariciones y muertes.

La agrupación, en Tucumán, ha continuado con ese legado fundacional, y se ha sumado al reclamo por la construcción de un país más solidario y más justo.

“Levantamos la bandera de memoria, verdad y justicia, que heredamos de nuestras Madres y Abuelas -dice Carolina Frangoulis, referente de H.I.J.O.S. Tucumán-, y no vamos a dejar de exigir castigo a los culpables del genocidio. Vamos a seguir buscando a los más de 350 nietos -nuestros hermanos y hermanas- que faltan volver a casa porque fueron apropiados por la dictadura. Pero también consideramos que no podemos quedarnos callados ante injusticias como los cientos de pibes maltratados en las comisarías, las mujeres y trans asesinadas, como Ana Ríos o Ayelén Gómez, dirigentes populares como Lula presos.Todo eso hace que H.I.J.O.S. se mantenga alerta y en lucha”.

La defensa de los sitios de memoria, como La Escuelita de Famaillá o el Arsenal Miguel de Azcuénaga, y el reclamo para que no se detengan los procesos judiciales a genocidas están en el centro de los objetivos de la agrupación en esta etapa.  Es necesario que la Justicia resuelva la designación de nuevos jueces para empezar el juicio Operativo Independencia II, que incorpora a dos víctimas y algunos imputados más.

“Lo fundamental -dice Frangoulis- es que no vamos a descansar hasta que todos los genocidas estén condenados y cumplan condena en cárcel común”.

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