La Escuelita de Famailla
Fechas importantes

La larga «noche de las corbatas»

Cuando la dictadura quiso silenciar a los abogados que defendían obreros.

Entre la tarde del 6 y la madrugada del 8 de julio de 1977, seis abogados laboralistas fueron secuestrados en Mar del Plata, por orden del Ejército. En días posteriores, hasta el 13 de ese mes, se llevaron a cinco personas más.

A esa operación represiva, a 16 meses de comenzada la dictadura cívico militar, los mismos perpetradores la llamaron «la noche de las corbatas». En homenaje a ellos se conmemora el 6 de julio el Día del Abogado Víctima del Terrorismo de Estado

María Alicia Noli, profesora de la cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho (UNT) y ex jueza, integró la Comisión Bicameral Investigadora de las Violaciones a los Derechos Humanos en Tucumán, apenas terminada la dictadura, y una de las abogadas que participó de los organismos de derechos humanos desde su inicio, compartió con nosotrxs una reflexión sobre los hechos que dieron nombre a la «Noche de las Corbatas» y su contexto en el marco de la dictadura. 

Se lo considera un episodio que muestra a quién servía la dictadura, porque los secuestrados, asesinados y desaparecidos eran abogados laboralistas, algunos de ellos, sin militancia orgánica en ese momento, que era -supuestamente- un criterio para elegir las víctimas. Es, claramente una acción represiva que apunta a disciplinar a quienes intervenían para defender a los trabajadores que peleaban por salarios, mejores condiciones laborales, derecho a organizarse. 

«En los juicios de lesa humanidad, -seguidos en nuestro país de manera sostenida desde el año 2003-, quedó probado que las víctimas de desapariciones forzadas y de asesinatos desarrollaban, en un alto porcentaje, actividades, de distinto tipo, en una suerte de ejercicio del derecho de asociación, para llevar adelante propósitos colectivos -explica Noli.- Muchos habían participado en movimientos estudiantiles -incluso desde el secundario-, en listas para integrar o integrando centros, federaciones, comedores universitarios; otros tuvieron desempeños gremiales o sindicales de diversos grados; algunos pertenecían a organizaciones políticas legales y otros a algunas declaradas ilegales; muchos realizaban trabajos sociales o  comunitarios».

En ese marco histórico, en la ciudad de Mar del Plata, entre el 6 y la madrugada del 8 de julio de 1977, seis abogados fueron secuestrados:  Norberto Centeno (destacado laboralista y autor de la Ley de Contrato de Trabajo), Jorge Candeloro (secretario general del Partido Comunista Revolucionario en Mar del Plata y activista sindical), Salvador Manuel Arestín (representante de obreros portuarios, fileteros y otros asalariados vinculados a la pesca),  Raúl Hugo Alais (dirigente estudiail de izquierda), Tomás Fresneda (peronista de izquierda, no orgánico), Camilo Ricci y Carlos Bozzi. Se sumaron en los días siguientes, cinco personas más, llevadas desde otros lugares, que estaban vinculadas al grupo ya sea por el ejercicio de la profesión u otro motivo, entre los que se encontraban Mercedes Argañaraz de Fresneda, María Esther Vázquez de García, José Verde y su esposa, y Néstor Enrique García Mántica.  De los mencionados, solo los abogados Ricci y Bozzi -luego de ser torturados- recuperaron la libertad; no así los demás, quienes desde entonces integran la cifra de 30.000 desaparecidos.

«La represión se organizó para atacar a ese colectivo de un solo golpe. El mortal zarpazo al grupo, llevado a cabo materialmente por miembros del Ejército y otras fuerzas de seguridad, atacaba a todos los que podía, al mismo tiempo», agrega.

Las razones para la brutal represión quedaron claras, dice Noli, y era disciplinar a quienes se les oponían. «La durísima embestida contra aquellos que ejercían la profesión de manera valiente, tutelando o intentando garantizar a dirigentes sindicales y políticos sus derechos, fue una contundente muestra -afirma- por parte de sus ejecutores, de que la persecución se dirigía a todos los que objetaran los planes siniestros de exterminio a opositores a la dictadura militar».

Varios fueron víctimas por su ejercicio profesional de la abogacía: «Ellos y ellas querían mantener algo del Estado de Derecho y llevaban adelante su profesión con la obstinación de exigir a los tribunales la vigencia de la Constitución. Los casos judiciales, que ventilaron 30 o 40 años después las desapariciones o asesinatos, vinieron a ratificar lo que ya se conocía: los abogados que fueron víctimas de esa persecución eran quienes defendían presos políticos o se interesaban ante las autoridades por los secuestrados, denunciaban los hechos o interponían -junto a las familias- los recursos de hábeas corpus, siempre con resultado estéril».

La circunstancia del ataque conjunto al grupo de abogados, llevó a que se denominara a los sucesos iniciados la noche del 6 de julio, como “la noche de las corbatas” y, desde 2004, a que se adoptará esa fecha en memoria del centenar de abogados víctimas del terrorismo de Estado en Argentina.

En Tucumán, el caso de Gerardo Ángel Pisarello es paradigmático, destaca la ex jueza. Asesinado en junio de 1976, al regreso de su viaje a la cárcel de Rawson para visitar y brindar asistencia a presos políticos. De allí que su nombre se incluya junto a la nómina de abogadas y abogados asesinados o que sufrieron desaparición forzada, como fueron María Cristina Bustos de Coronel, Guillermo Miguel, Víctor Jacobo Noé, DardoMolina, Mirta Graciela López, Juan Domingo del Gesso, Enrique Gastón Courtade, Rafael Dionisio Fagalde y Elda Leonor Calabró.

«Está claro que, para muchas de las víctimas, el ejercicio profesional del Derecho había resultado ser una actuación peligrosa. Deberemos aceptar entonces, que el Derecho no es solo un conjunto de reglas de convivencia social, de carácter estático y conservador de las instituciones y su statu quo, sino -por el contrario-, puede constituir una poderosa herramienta de disputa y expresión de disidencias», insiste.

A esa reflexión, Alicia Noli le agrega una serie de preguntas, y sus posibles respuestas: 

«Nos preguntamos ¿qué es el Derecho, hoy? ¿cómo está formado? ¿qué posibilidades tiene de incidir en la sociedad? Habría que partir afirmando que los ciudadanos son sus destinatarios y, por lo tanto, a ellos debe servir el Derecho».

«Actualmente,en el estado argentino, todo el ordenamiento jurídico se asienta constitucionalmente sobre el derecho de los derechos humanos, que tiene como sujeto a la persona, y está centrado en el paradigma de igualdad real».

«Si por un lado miramos a la sociedad y por el otro al Derecho, advertiremos fácilmente que hay mucho por hacer. Ya que, los nobles e incuestionables objetivos, presentados como aspiraciones en la ley, parecen estar muy alejados de la existencia de las y los destinatarios».

Sin embargo y, a pesar de esa primera constatación, el Derecho de los Derechos Humanos, contiene un enorme aporte para la construcción de una sociedad apegada a principios que pueden acortar esa distancia entre ambos espacios». 

Quizás nos ayude a comprender, el pensar que, en la transición democrática, se han juzgado y continúan juzgándose los atroces crímenes del terrorismo de Estado, y que es tiempo de retomar las partes que habían sido desintegradas, pisoteadas, avasalladas y tratar de recomponer, integrar, incluir, empleando al Derecho, no ya como a un anhelo abstracto, sino como una pieza para alcanzar la medida de nuestros logros como sociedad».

«Respetar los derechos y hacerlos valer constituiría un acto de reparación y memoria para los abogados martirizados por haber pretendido que las leyes sean valederas».

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