La Escuelita de Famailla
Nuestra memoria

La lucha de los secundarios está más viva que nunca

Por Valeria Totongi

En el aniversario de La Noche de los Lápices, militantas de la Unión de Estudiantes Secundarios de Tucumán explican por qué se organizan para reclamar sus derechos. 

Un cordón invisible, tejido de memoria y de luchas, parece unir a dos generaciones -que hoy podrían ser abueles y nietes- en su voluntad de cambiar el mundo. En un nuevo aniversario, 43 años después, de la Noche de los Lápices, aquella «gloriosa juventud argentina, la del Tucumanazo, la que peleó en Malvinas» puede estar orgullosa de sus descendientes, que hoy luchan por el boleto estudiantil, por la participación en espacios de decisión, por su derecho a ser educados en espacios libres de violencia patriarcal y de discriminación, por el acceso a una educación sexual integral y a la autonomía sobre sus cuerpos y sus decisiones. 

El lenguaje inclusivo les sale de corrido, no tienen dudas de que los reclamos del movimiento estudiantil son reclamos sociales y políticos, no tienen miedo de incursionar en temas que van a definir sus vidas y las de sus compañeres ahora y en el futuro. Se les puede ver acompañando a los organismos de Derechos Humanos, en las marchas docentes y en los «pañuelazos» para reclamar por el aborto legal. 

«Somos el presente y queremos que nos vean y que nos escuchen», dice Martina Kristal, integrante de la UEST y alumna de la Escuela Normal.  «Empezamos por reconocer que estamos en una crisis económica y social que nos afecta a todes. Hay compañeres a quienes les falta un plato de comida», arranca. Pero lo inmediato no es lo único: «pedimos que se implemente la Educación Sexual Integral, una educación laica e inclusiva, la separación de la Iglesia y el Estado, el aborto legal, seguro y gratuito», enumera, y reconoce en su reclamo la influencia del movimiento feminista. 

Es en las calles donde se formó esta unión entre la militancia estudiantil, el feminismo y el compromiso político y con contenido social. «Crecimos sobre los pasos de las luchas, a partir de empezar a reunirnos, de hacer asambleas en nuestras organizaciones», relata Zoe van Brook, también  estudiante de la Escuela Normal. «Una real implementación de la ESI, la revalorización de la educación pública y la ampliación de derechos de la comunidad LGBT+» son los reclamos que están en el centro de su agenda. «Es muy importante organizarnos y articular con el contexto de lo que pasa en el país». 

La participación en marchas y las actividades en las calles son una de las formas de militancia que eligieron, mas no las únicas. «Creemos que hay distintas maneras de intervenir política, a través del arte, de la música, en cada cosa que hacemos», explica Martina. Para ellas y para sus compañeres de distintas escuelas, como el Gymnasium, la Escuela de Bellas Artes o la Escuela de Comercio, el recuerdo de aquelles estudiantes secundaries secuestrades el 16 de septiembre de 1976, en La Plata, sigue vivo.

«La Noche de los lápices» fue el nombre en clave con el que llamó la dictadura al operativo en el que se llevaron a Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler

Fueron arrancades de sus casas en la madrugada y llevades a la División Cuatrerismo de la policía bonaerense, donde estaba el centro clandestino de detención conocido como “Pozo de Arana”. Durante su secuestro, fueron sometidos a torturas y vejámenes en distintos lugares.

Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio, Daniel y María Clara continúan desaparecidos. Pablo, Gustavo, Emilce y Patricia sobrevivieron, y sus testimonios constituyen una pieza fundamental para el proceso de Memoria, Verdad y Justicia. 

La mayoría tenía militancia política, en una época de importantes movilizaciones sociales. Algunes eran parte de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), integraban otras organizaciones políticas y habían participado, el año anterior a su secuestro, en las movilizaciones que reclamaban el Boleto Estudiantil Secundario, un beneficio que el gobierno militar de la provincia de Buenos Aires les había quitado.

Al frente de la gobernación impuesta por la dictadura estaba el general Ibérico Saint James, que contaba entre sus personas de confianza al general Ramón Camps -al mando de la Policía Federal-  y su mano derecha, el comisario Miguel Etchecolatz (hoy en prisión común y repudiado hasta por su propia hija). Ellos fueron ellos los responsables directos del secuestro, tortura y muerte de les estudiantes de La Plata.

Hoy, otres adolescentes los recuerdan con admiración, igual compromiso y voluntad de cambiar el mundo. Hoy, elles dicen: «los lápices siguen escribiendo la historia»


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