La Escuelita de Famailla
En el corazón

Nati, Nella y Ale: su ausencia se llenará de lucha

El sábado 17 de diciembre, una tragedia nos dejó partidos al medio. Desde esa noche nos faltan Natalia Ariñez, Marianella Triunfetti y Alejandra Wurschmidt. Las mató un conductor borracho. Adrián Dante Juárez está preso y reclamamos que siga así. 
Nuestras queridas compañeras de militancia murieron cuando regresaban en auto desde Famaillá, a San Miguel de Tucumán, luego de participar de la Jornada por la Memoria.  En el brutal choque resultaron heridas Silvia Sandoval -mamá de Natalia, integrante del equipo de acompañamiento a testigos en juicios por delitos de lesa humanidad- y Julia Albarracín, la abogada que le torció el brazo a la policía gatillo fácil en el juicio por la muerte de Ismael Lucena.
Un conductor -la policía determinó que se llama Adrián Dante Juárez- que eligió manejar borracho y cruzarse de carril para evitar un control policial, las embistió tan fuerte que las sacó de la ruta y provocó la muerte de Natalia y Alejandra. Nella peleó durante horas en el hospital hasta que su cuerpo se rindió.
Las tres habían participado de una jornada por la memoria, para conmemorar que hace un año La Escuelita de Famaillá se convirtió en lugar histórico nacional. Natalia había estado al frente del stand de H.I.J.O.S Tucumán, tomando fotos para la campaña “Ayudanos a encontrarte”, enfocada en la búsqueda de los bebés nacidos en cautiverio. Presentó la campaña por la radio abierta y convocó a participar.

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Nella, militante de H.I.J.O.S, periodista, auxiliar docente, trabajadora incansable por los Derechos Humanos, había ayudado a Julita Albarracín a pintar la silueta de una bailarina, en el mural que no terminaron, pero que tiene escrito un retazo de la memoria del juicio Operativo Independencia, parte del testimonio de la hermana de Carmen Gómez, esposa de Héctor Hugo Gargiulo, ambos desaparecidos.

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Ale había participado de la jornada y había decidido volver a San Miguel de Tucumán en vez de volverse directamente a Amaicha, donde vivía. Silvia llegó con grupos de talleristas que participaron de las actividades de la Secretaría de Derechos Humanos y se quedó todo el día.
La última vez que las vimos estaban sonrientes. Cansadas, pero felices. Esa es la imagen que conservamos de ellas, en la memoria y en los cientos de fotos que sacamos ese día. Nati sonrisa luz y ojos inquietos; Nella poniendo el cuerpo; Ale compartiendo con las compañeras y compañeros, ayudando, acercando un mate.
Ellas eran imprescindibles e irreemplazables, amigas, compañeras, ejemplos de lucha, pero trataremos de llenar el hueco que dejaron con más militancia, con más memoria y con más verdad.

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